CASA NUEVA, CONTAMINACIÓN NUEVA

Aunque el gas formaldehido (clasificado como Contaminante Atmosférico Peligroso por la OMS) fue descubierto en 1867 por el químico August von Hofmann, los peligros derivados de su inhalación no se pusieron científicamente de manifiesto hasta 1970. Entre los síntomas precoces producidos por la inhalación se encuentran la tos, mareos, debilidad extrema, dolores articulares, afonía, confusión, arritmia y espasmos musculares. El formaldehído también es un agente cancerígeno, pero a más largo plazo, lo que dificultó, en su momento, la identificación de la relación causa-efecto.

Una de las características de este gas es que emana de multitud de elementos y objetos cotidianos que tenemos a nuestro alrededor. De entre una larga lista que no detallaremos ahora, cabe destacar muchos los elementos relacionados con la construcción y la decoración: maderas, muebles, vinilos, aislantes, pinturas y un largo etcétera. Y es aquí donde se ha de hacer una precisión curiosa: las emanaciones de formaldehido son más intensas, y por lo tanto más peligrosas, en los objetos y en las construcciones nuevas que en los que ya tienen unos años de antigüedad. Con el paso tiempo, las emanaciones van disminuyendo, sin llegar a desaparecer nunca por completo.

Ya en 1987, un estudio llevado a cabo en Inglaterra sobre mil pacientes con trastornos crónicos del tipo citado, reveló que muchos estos pacientes asociaban el inicio de la sintomatología con o bien la mudanza a un domicilio de obra nueva, o bien a reformas o a la instalación muebles nuevos, cortinas, alfombras, parqués, etc. Esta relación ha sido confirmada repetidamente por las investigaciones científicas.

Por lo tanto, cuando se preparan reformas o una mudanza, es útil tomar precauciones. Si bien desde los años 80 la legislación ha vetado algunos de los materiales más contaminantes, aún queda un largo trecho en este sentido. En ninguna comunidad autónoma que sepamos, se exige un umbral máximo determinado emisiones de formaldehido para obtener la cédula de habitabilidad.

En estas condiciones, la solución más sensata es asegurarse de que el nuevo domicilio esté equipado con un equipo purificador de aire, pues es lo único que nos garantiza nuestro derecho a respirar aire libre de partículas contaminantes peligrosas (COVs) y nos aporta salud y calidad de vida. Por suerte, los purificadores de aire, especialmente los basados en la oxidación fotocatalítica no son invasivos, caros ni difíciles de mantener y, en la práctica, se están convirtiendo en un electrodoméstico más.